OPINIÓN: Matías Orozco o el "no te enamores de un jugador cedido" otra vez
La llegada de Haralabos Voulgaris al CD Castellón en 2022 supuso un radical cambio en la metodología de los fichajes del club. El Big Data pasó a ser un elemento imprescindible en la planificación deportiva, con fichajes de ligas poco conocidas en el panorama internacional.
Sin embargo, hay un patrón que se ha repetido en las últimas temporadas: la incorporación de centrocampistas en calidad de cesión. El primero de ellos fue Giorgi Kochorashvili en la temporada 22-23 procedente del Levante UD, pese a que increíblemente no fue titular hasta el tramo final de temporada, dejó un paso inolvidable para la afición del Castellón. En la temporada 24-25 llegó el mejor futbolista de la Segunda División holandesa, Thomas van den Belt. Otra vez más al finalizar la temporada, la afición volvió a ser viuda de un cedido. Un año después, llegaría cedido otro centrocampista, Beñat Gerenabarrena procedente del Athletic Club, y como en los dos casos anteriores, dejaría un recuerdo inolvidable en el club.
Este 1 de septiembre, el CD Castellón anunció la cesión procedente del Brighton del joven centrocampista Matías Orozco tras fichar este verano por el conjunto inglés procedente del Deportivo Cali por 4,1 millones de euros. Cinco días después debutó en el SkyFi Castalia en la victoria por 2-0 ante el Albacete Balompié saliendo en el minuto 67. Aunque jugó media hora, demostró sobradamente la calidad que atesora, dejando una asistencia de tacón que Isra Suero mandó al palo y un 100% de eficacia en todos los pases que realizó.
Hacía tiempo que no se recordaba un debut en Castalia de ese calibre. Seis días después, fue titular en Montilivi en la épica victoria ante el Girona FC, demostrando una personalidad impresionante para ser su segundo partido en la Liga Hypermotion. Se dice que podría ir convocado con la selección de Colombia, por lo que perdería los encuentros ante el Leganés en Butarque y la AD Ceuta en Castalia.
Estamos en septiembre, pero Maty Orozco gana enteros a ser una vez más el claro ejemplo del “nunca te enamores de un jugador cedido”.
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